El amor. Qué es el amor. Oh. Es un sentimiento, casi una obsesión. Amor de verano, amor eterno, amor de hombre, de mujer, de estatua, de escarabajo pelotero. Ese sueño dentro de un sueño. El amor es como una flecha azul surcando un cielo pluscuamperfecto.
Como un gorrión salvaje entonando temas de Aute. Como un camión cisterna tomando el desvío de la carretera de Valencia. Todo es amor. Oh. Ah. El amor.
Estaba yo la otra tarde viendo “La rosa púrpura del Cairo” de Woody Allen mientras leía “Niebla” de Unamuno, cuando me llamó el director David Serrano para preguntarme si había robado unas pastillas muy peligrosas que le había dado por error su psicoanalista. Le expliqué que si se refería a unas que estaban en un frasco que ponía “No tocar”, ya nos las habíamos tomado Santi y yo sin obtener ningún efecto analgésico o vasodilatador. Entonces me dijo lo mucho que me quería y yo le contesté que yo a él más y estuvimos así un buen rato hasta que ante mis ojos apareció Pablo y colgué el teléfono.
Sí, sí, Pablo. No Quim Gutierrez, ese actor maravilloso y excelente persona y hombre cañón donde los haya. Sino Pablo, el protagonista de “Una hora más en Canarias”.